20080613

Perros de agua. Nuevas voces desde el Sur de Tamaulipas.

Lilina Blum y Sara Uribe, Compiladoras.

Texto leído ayer durante la presentación.



Este libro llegó sin avisar (como llegan algunos amigos a mi casa). Llegó sonriente y un tanto maltrado (también como algunos amigos). Llegó con sello y estampilla del correo postal tradicional. Cuando lo saqué de aquel sobre amarillo percudido y matasellos de dos meses antes; sonreí. Lo quise tratar suavemente, darle de comer y cuidarlo como a un sobreviviente de una larga y penosa travesía. Como a un perro que abandonado o perdido, regresa, años después, a casa. Inmediatamente lo puse en mi bolsa y durante una semana mudó de bolsa a mochila a cabecera de cama al carro a escritorio. Me acompañó en bancos, lavandería, cafés y noches de insomnio; porque con estos ritmos una trata de aprovechar cualquier momento de tranquilidad para leer.

Así me recorrí a los perros de agua, a esta banda de diez jóvenes escritores originarios o radicados (por azares del destino en Tamaulipas). Narradores, dramaturgos y poetas. Debo admitir que por desviaciones (o perversiones) personales me quedé más tiempo en el cuarto que es la poesía; así en los párrafos de Marisol Vera encontré un uso renovado de la poesía tradicional, de la voz de largo aliento; esa que hace ramilletes con la palabra; que no protege sino que desnuda y lo deja a uno en la intemperie y en pleno temporal:

“Hay quienes van a Irak a pelear guerras
tú eres la guerra en un callejón baldío,
aleteo de relojes, horno de hidrógeno,
inteligencia en la morgue del cráneo”


Seguí leyendo y llegué desprevenida a los poemas de Ivan Trejo cuya capacidad de síntesis y concreción me desarmaron en varias páginas. Cuyas imágenes bellamente detalladas me dejaron pensando en la ausencia que significa toda palabra (en general) y la poesía (en particular). Iván es un jugador de naipes al cuál debes temer porque nunca sabrás el momento en que sacará el As de la manga. Esa espera es incertidumbre. Me quedo con este poema:

“La ausencia
es una grieta en el tiempo de los cuerpos”

Sería muy tedioso que me dedicara a contarles qué textos fueron los que más me llamaron la atención de cada perro, lo mejor en todo caso es que ustedes compren el libro y cada uno encuentre su mordida.

Lo que sí quiero contarles es lo que tienen que saber de este libro:

1.- Es un libro combo pues contiene poesía, cuento y dramaturgia.

2.- De los 10 autores, 6 son poetas 3 narradores y uno dramaturgo.

3.- En la sección de poesía de este libro van encontrar distintas voces y usos del lenguaje. Subrayo la presencia de la infancia en estos poemas, el ejercicio de memoria que podemos encontrar en cada uno de ellos; ejercicio de desdoblamiento que hacen los poetas para volver o para escribir desde el territorio de la infancia; que es también uno de los territorios de la imaginación (muy a la Pizarnick). Estos poetas vuelven a la infancia y a sus pérdidas, a la infancia y a sus muertos a la infancia propia --como los textos de Sara Uribe-- o al mundo familiar de otros y aquí me refiero a los textos de Diana Zamora.

Me pregunto con este y con otros libros por qué el poeta escribe de la infancia. Leo a estos jóvenes, a estos morros y algo me hace suponer con simplicidad que su infancia está aún a la vuelta de la cuadra, que la divisan, que casi la tocan. Que sienten su cercanía. Que finalmente la juventud y la infancia son vecinas de a calle. Pero esta respuesta me parece demasiado básica y luego pienso que en realidad sucede que es en la infancia --o en el final de ella--cuando el escritor llega a la literatura, cuando es tocado por ella. Cuando la palabra y su falsa salida. Cuando se empieza a creer -- de algún modo que aún no comprendo -- que la literatura consuela, como diría María Negroni.

Siempre termino pensando que, al fin de cuentas, todos aún somos esos niños y sus ausencias, esos ojos límpidos y sus muertes, esa sorpresa ante el mundo y la palabra.


“lamento esos días de mi infancia done mis piernas

[permanecían inmóviles

escondidos los ojos entre la incertidumbre

rechazo los días la hoja gris

que nunca tuvo ventanas”

Diana Zamora


Como ven mi desviación hacia la poesía ya atacó de nuevo. Volviendo al libro: los cuentos que este libro encierra me recordaron mucho a las palabras de Gaby Torres, joven narradora de Monterrey, quien me dice cada vez que tiene oportunidad, que la narrativa es divertida; que es muy divertida, que el narrador puede ser cualquier personaje en el mundo, incluso una cuchara o una silla si le da la gana. Leo estos cuentos y coincido con la Torres. En ellos se nota el divertimento de los autores, su humor negro chapopote y un tanto su nostalgia.

Julio Pesina, quien recientemente obtuvo el Premio Binacional de Novela Border of Words, colabora con dos cuentos: uno de ellos Ambigüedades y aclaraciones en la Plaza Victoria hace gala de su fluidez verbal y su pensamiento “rápido y furioso” .

El cuento de Liliana Blum, por otra parte, proviene de su reciente libro Vidas de catálogo publicado por FETA y es de esos textos que dejan sabor gris en el paladar, una historia que es una tragedia a escala humana pero que al mismo tiempo deja al descubierto lo monótono y vacía que puede ser la existencia; este constante anhelo. Cuento escrito con el dominio del oficio que Liliana confirma en Vidas de Catálogo.

Perros de Agua, es pues un libro para leer y sacar a pasear, un libro que hace cuenta de una generación y un territorio en específico, una compilación de textos de este siglo, compilados también por jóvenes escritoras y desde el punto de vista de la escritura. Un libro de fauces abiertas.

Si les interesa adquirirlo pónganme un mail abrilcastro@gmail.com trataré de quedarme con algunos ejemplares

2 comentarios:

Ginger dijo...

Abril, gracias por este texto tan lindo, tus palabras tan generosas para este libro mojado y que se sacude las garrapatas tampiqueñas.

Desde acá muchos saludos y agradecimientos. No pude ir, pero mandé a mis dos canes-de-abordo y todo salió estupendo, según me cuentan.

I.Trejo dijo...

Caray, yo no pude ir de última hora, maldita burocracia, gracias por el texto Abril.

Salute