20080925



Salir aunque se salga a nada


En el eco de mis muertes aún hay miedo.
Alejandra Pizarnik







Horroris vacui: terror ante la página en blanco: el estómago vacío: la cama hueca: silencio.

Te ves en el espejo retrovisor mientras esperas que cambie la luz a verde. Enciendes el radio, buscas una estación poco estridente. Ruido blanco el tiempo de espera en la garita de San…ruido blanco… acabamos de escuchar a Julieta…ruido blanco…silencio. Verde: te gusta manejar a esta hora, cuando no hay tráfico, llegar al cuarto cambio sin detenerte. Imaginas cómo sería conducir hasta el agotamiento, atravesar La Rumorosa al amanecer (descubres que te gusta la palabra rumorosa, la dices en voz alta). Manejar hacia abajo hasta llegar al mar y su desierto.


¿Cómo sería correr en esa playa?


Esquivas el cadáver de un perro. Siempre te entristecen sus cuerpos. La certeza de que en esta ciudad, ese cadáver permanecerá en el mismo sitio hasta que termine su proceso de putrefacción. Que serás testigo diario, dos veces al día, de su degradación. Que un día, a la misma altura de la carretera habrá sólo una mancha oscura como señal del punto donde estuvo el cuerpo. Te sentirás patético al reconocer que ese día, la falta conmoverá.


El otoño se queda bajo el puente; cruzas para llegar a la avenida principal. Pasas; la velocidad es suficiente para el aleteo de hojas secas. Lentas: pruebas de existencia de algún árbol terco.

¿Cómo sería correr en esa playa?

Te preguntas tantas cosas y te contestas tantas otras. Lugares, rostros, fechas. ¿A qué le temía tanto? ¿Por qué el derrumbe? ¿Por qué el silencio? ¿Cuál su primera palabra?¿Cuál la última?

A lo lejos el semáforo en rojo. Reduces la velocidad para esperar el verde sin tener que detenerte. Lo logras.

¿Sí es el miedo un reflejo que ayuda a la supervivencia, por qué destruye?¿Es más cobarde quién no toca su miedo o el que lo enfrenta? Enfrentar el miedo es inevitablemente buscar un fin a la angustia, un paliativo. Buscar un fin. Salir del miedo aunque se salga a nada.


Es la hora en que la luz pinta todo de amarillo. Este color también lo logran los incendios. Color devastación, desamparo. Luz ámbar. Aceleras en un intento de vencer al semáforo. Luz Roja.
¿En qué es diferente la ausencia de la falta? ¿Y ésta de la pérdida? Sincope anóxico. Miedo al vacío que deja lo ausente. El hioides se fractura. Ocho minutos. Cierta descompostura. Equimosis subpleurales. Imaginarla que vuelve a sentir arena bajo los pies de la infancia. Surco equimótico. Ciérrese antes de encender. Hipercapnia. Orgullosa de mi silencio. Diástole. Preludio indispensable. Vainilla. Cuarenta segundos. Tu silencio. Livideces abundantes.¿Cómo sería correr en tu playa de niña sola?

Luz verde








Ruido blanco


4 comentarios:

omar dijo...

Nice!

Éstos vicios dijo...

tsss...
qué buen texto..
saludos!

Éstos vicios dijo...

tsss...
qué buen texto, movió bastante.
saludos!

Sylvíssima dijo...

me gusta que vuelva a la escritura (no se si se había ido pero hace mucho que no la leía), me gusta que vuelva a la escritura: así.

yo una vez escribí algo sobre el cuerpo de un gato que también era putrefacción diaria lenta silenciosa.

abrazo blanco